Embolización

La embolización es un procedimiento mínimamente invasivo de radiología vascular e intervencionista que permite tratar distintas enfermedades actuando “desde dentro” de los vasos sanguíneos, guiado por imagen (angiografía). En lugar de una cirugía abierta, se accede a través de una punción y se navega con catéteres hasta el vaso responsable, para ocluirlo de forma selectiva o reducir su flujo, según el objetivo clínico. La indicación se decide siempre tras una valoración individualizada y un estudio por imagen adecuado.

¿Qué es la embolización?

La embolización es una técnica endovascular en la que se introducen materiales específicos (por ejemplo, partículas, espirales “coils”, tapones vasculares o agentes líquidos, según el caso) para cerrar o disminuir el flujo de un vaso sanguíneo de forma controlada.

No es una técnica única: existen distintos tipos de embolización según la patología (benigna, vascular, oncológica) y el objetivo (control de sangrado, reducción de un tumor, tratar varices internas, etc.).

¿Para qué sirve la embolización?

La embolización se utiliza en escenarios muy diversos, por ejemplo:

  • Control de hemorragias (cuando se identifica el vaso responsable).
  • Tratamiento de patología benigna por reducción de flujo (p. ej., miomas uterinos, hiperplasia benigna de próstata, varicocele en ciertos casos).
  • Tratamientos oncológicos locorregionales (embolización tumoral, quimioembolización, radioembolización).
  • Tratamiento de algunas lesiones vasculares (malformaciones, aneurismas en contextos concretos).

El punto clave es que el procedimiento se indica cuando aporta un balance riesgo/beneficio favorable frente a alternativas.

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¿Cómo funciona la embolización?

La embolización se basa en un principio sencillo: si se reduce o se ocluye el riego de una zona (por ejemplo, un tumor o una lesión vascular), se puede controlar el problema de forma dirigida.

Preparación previa

Antes del procedimiento, suele incluirse:

  • Revisión de informes, medicación (especialmente anticoagulantes/antiagregantes) y alergias.
  • Analítica (función renal, coagulación, hemograma).
  • Pruebas de imagen para planificar (TAC/RM/ecografía según caso).
  • Instrucciones de ayuno y pautas de medicación el día del procedimiento.

Cómo se realiza el procedimiento

De forma general:

  1. Se realiza una punción en una arteria (ingle o muñeca, según anatomía y técnica).
  2. Se introduce un catéter y se navega bajo control radiológico.
  3. Se realiza angiografía para identificar el vaso objetivo.
  4. Se administra el material de embolización de forma selectiva.
  5. Se retira el catéter y se controla el punto de punción.

Duración del procedimiento

La duración es variable. Depende de la complejidad anatómica, del tipo de embolización y de cuántos vasos sea necesario tratar. Se explica de forma orientativa en la consulta.

Beneficios de la embolización

  • Entre los beneficios potenciales cuando está bien indicada:

    • Procedimiento mínimamente invasivo (punción en lugar de incisión amplia).
    • Tratamiento dirigido al vaso responsable, con guía por imagen.
    • Recuperación a menudo más rápida que una cirugía abierta, en muchos casos.
    • Opción útil cuando la cirugía no es posible o no es la primera elección.

Riesgos y posibles complicaciones

Como cualquier procedimiento médico, tiene riesgos. Los más habituales suelen ser leves o transitorios (hematoma en la punción, dolor, fiebre o inflamación local, según tipo de embolización). Otros riesgos menos frecuentes dependen del órgano tratado y de la anatomía vascular (por ejemplo, embolización no deseada de vasos vecinos, infección, complicaciones del contraste o trombosis). Estos riesgos se explican siempre antes de decidir.

Recuperación después de la embolización

Tras la embolización puede requerirse observación unas horas o ingreso corto, según el procedimiento. Es habitual recomendar:

  • Hidratación (si procede) y cuidados del punto de punción.
  • Reposo relativo 24–48 h según indicación.
  • Analgesia pautada si hay dolor postprocedimiento.
  • Señales de alarma por las que consultar (dolor intenso persistente, fiebre alta mantenida, sangrado en la punción, etc.).

Resultados y expectativas

Los resultados dependen de la patología: en hemorragias puede ser un control rápido; en miomas o próstata la mejoría suele ser progresiva; en oncología el objetivo puede ser control local o reducción de carga tumoral. En consulta se explica qué es razonable esperar en cada caso.

Limitaciones de la embolización

No todos los pacientes son candidatos: la anatomía vascular, el tipo de lesión, la extensión de la enfermedad y el estado general influyen. A veces se requieren varias sesiones o tratamientos combinados.

¿Quién interpreta los resultados y cómo se entregan?

Los resultados se interpretan por el equipo de radiología intervencionista junto con los especialistas implicados (ginecología, urología, oncología, etc.). Se entregan mediante informe clínico y, cuando procede, con pruebas de imagen de seguimiento y recomendaciones claras. 

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Preguntas frecuentes sobre embolización

Es un procedimiento endovascular que ocluye o reduce el flujo de un vaso de forma selectiva. Se recomienda cuando permite tratar la causa con precisión (sangrados, patología benigna o tumoral seleccionada) evitando cirugía abierta, si el caso es adecuado.

Consiste en acceder por vía endovascular a las venas responsables del varicocele y ocluirlas con materiales específicos. Puede ofrecer un abordaje mínimamente invasivo, con punción en lugar de incisión. La elección frente a cirugía depende de anatomía, síntomas y valoración individual.

Se realiza con punción (ingle o muñeca), catéteres guiados por angiografía y materiales como partículas, coils u otros agentes según la indicación. La duración varía según complejidad y se estima en consulta.

Lo más habitual es dolor o inflamación transitoria, y hematoma en el punto de punción. La recuperación suele ser rápida, con observación y reposo relativo, aunque depende del tipo de embolización y del órgano tratado.