La radioembolización es un tratamiento locorregional para ciertos tumores hepáticos (primarios o metástasis seleccionadas) que combina un abordaje endovascular con radioterapia interna: se administran microesferas radiactivas (habitualmente con itrio-90, Y-90) a través de las arterias que nutren el tumor, para irradiarlo de forma localizada, preservando en la medida de lo posible el tejido sano. Se indica en casos seleccionados tras estudio y planificación previos.
Es un procedimiento endovascular que deposita microesferas con radiación en el lecho tumoral hepático, aprovechando que muchos tumores reciben más aporte arterial que el hígado sano.
Se utiliza para:
La indicación depende del tipo tumoral, distribución en el hígado y función hepática.
Preparación previa
Suele incluir un mapeo arterial:
Cómo se realiza el procedimiento
Tras la planificación:
Duración del procedimiento
Variable; incluye el tiempo de preparación y la administración. Además, el proceso completo suele implicar al menos dos fases: mapeo y tratamiento.
Puede haber cansancio, náuseas, febrícula o dolor abdominal transitorio. Riesgos menos frecuentes incluyen afectación no deseada de otros órganos, úlceras si hay depósito fuera del hígado, alteración de función hepática o complicaciones vasculares/contraste. La planificación previa busca minimizar estos riesgos.
Suele requerir observación y, a veces, ingreso corto. La vuelta a la rutina es progresiva. Se programan controles analíticos e imagen para valorar respuesta.
El objetivo suele ser control tumoral local o reducción de progresión hepática. La respuesta se evalúa con TAC/RM y seguimiento oncológico.
No es adecuada en todos los pacientes: función hepática limitada, distribución tumoral, anatomía vascular o derivaciones a otros órganos pueden contraindicarla o requerir ajustes.
El equipo intervencionista y oncología/hepatología interpretan resultados con imagen y analítica. Se entrega informe y plan de seguimiento.
Es una terapia endovascular con microesferas radiactivas para tratar tumores en el hígado. Se usa en casos seleccionados cuando se busca control local o como parte de un plan combinado.
Consiste en administrar microesferas con Y-90 en arterias que nutren el tumor para irradiarlo desde dentro de forma localizada.
Se realiza angiografía de mapeo, evaluación de anatomía y pruebas para confirmar que la distribución será segura y adecuada, además de analítica y estudio de función hepática.
Cansancio y malestar transitorio son relativamente habituales. La recuperación varía; muchas personas retoman actividad progresivamente en días, aunque depende del estado general y del tratamiento global.