Las infiltraciones de hombro se utilizan para aliviar dolor e inflamación en patologías frecuentes como bursitis subacromial, tendinopatías, capsulitis adhesiva o artrosis acromioclavicular, entre otras. Cuando se realizan de forma ecoguiada, permiten colocar el tratamiento en el punto exacto (bursa, articulación o zona tendinosa), lo que puede mejorar la precisión y facilitar la rehabilitación.
Son infiltraciones dirigidas a estructuras del hombro (bursa subacromial, articulación glenohumeral, acromioclavicular, etc.) para reducir inflamación y dolor. El tipo de fármaco se decide según diagnóstico.
Sirven para:
Preparación previa
Cómo se realiza el procedimiento
Duración del procedimiento
Suele durar pocos minutos, especialmente si es ecoguiada.
Dolor transitorio, hematoma, reacción vasovagal o infección (rara). En infiltraciones con corticoide: rebrote de dolor 24–48 h, enrojecimiento facial transitorio o aumento temporal de glucosa en personas con diabetes.
Puede notarse alivio en días. La duración varía según patología y severidad; lo habitual es que sea parte de un plan con rehabilitación.
Se evalúa por evolución clínica (dolor, arco de movilidad) y, si procede, por ecografía de control. Se entrega informe y recomendaciones postprocedimiento.
Son inyecciones terapéuticas dirigidas a estructuras del hombro. Se recomiendan cuando el dolor es limitante y existe un diagnóstico compatible, especialmente si dificulta rehabilitación.
Con guía por ecografía se visualiza la aguja y el objetivo, aumentando precisión. Sin guía, la infiltración se realiza “a ciegas” y puede ser menos exacta según la estructura.
Depende del diagnóstico, del fármaco y del paciente. Si se plantea repetir, se decide de forma individualizada y con criterio clínico, evitando repeticiones innecesarias.
Dolor transitorio, hematoma leve, rebrote de dolor 24–48 h y, si hay corticoide, elevación temporal de glucosa en diabéticos o rubor facial transitorio.