Las infiltraciones son un tratamiento mínimamente invasivo que consiste en introducir medicación en una zona concreta (articulación, bursa, tendón o entorno de un nervio) para reducir inflamación y dolor, y facilitar la recuperación funcional. En muchos casos se realizan de forma ecoguiada (guiadas por ecografía) o con otras técnicas de imagen, lo que permite mayor precisión y seguridad. No sustituyen a la rehabilitación cuando esta es necesaria: suelen ser una parte de un plan global.
Una infiltración es una inyección terapéutica dirigida a un punto específico. Puede realizarse en:
El tipo de medicación varía según el objetivo clínico (antiinflamatorio, anestésico local u otros fármacos), y se decide caso a caso.
Se utilizan para:
La infiltración suele considerarse cuando el tratamiento conservador (fisioterapia, ejercicio, medicación pautada) no es suficiente o cuando se busca un alivio que permita avanzar con la recuperación.
Actúan llevando el medicamento al punto exacto donde se genera la inflamación o el dolor, lo que en algunos casos permite un efecto más directo y con menor dosis sistémica que tomar fármacos por vía oral. La guía por imagen ayuda a asegurar que el fármaco se deposita donde debe.
Preparación previa
Suele incluir:
Cómo se realiza el procedimiento
Duración del procedimiento
Suele ser breve (habitualmente minutos), aunque puede variar según la articulación y si se hace con guía por imagen.
Pueden incluir dolor transitorio tras la infiltración, hematoma, reacción vasovagal, infección (rara), sangrado (más relevante si hay anticoagulación), o efectos del fármaco según tipo. En infiltraciones con corticoide, puede haber un “rebrote” de dolor 24–48 h o elevación transitoria de glucosa en personas con diabetes. Se revisan riesgos antes de realizarla.
Suele recomendarse:
El efecto puede ser rápido (horas-días) o progresivo. La duración del alivio varía según diagnóstico, gravedad y tipo de infiltración. A menudo el objetivo es “abrir una ventana” para avanzar con rehabilitación.
La respuesta se evalúa clínicamente (dolor, movilidad, función). Se entrega un informe breve del procedimiento y recomendaciones de cuidados y seguimiento, coordinadas con el especialista o fisioterapia cuando procede.
Son inyecciones terapéuticas dirigidas para reducir dolor e inflamación. Se recomiendan cuando hay un diagnóstico claro y el dolor limita la función o la rehabilitación pese a tratamiento conservador.
La ecografía permite ver la aguja y la estructura diana en tiempo real, aumentando precisión y seguridad, y reduciendo el riesgo de depositar el fármaco fuera del punto correcto.
Depende de la articulación o estructura tratada, del tipo de guía por imagen, del fármaco utilizado, de la complejidad del caso y de si se requiere seguimiento. El número de sesiones varía: a veces basta una; otras, se plantean varias dentro de un plan clínico.
Cuidados: reposo relativo, evitar esfuerzos y seguir pautas de fisioterapia. Señales de alarma: fiebre alta, dolor creciente desproporcionado, enrojecimiento intenso, secreción en el punto de punción o debilidad neurológica nueva (según zona).