Ablación por radiofrecuencia

La ablación por radiofrecuencia es un procedimiento mínimamente invasivo que destruye tejido objetivo mediante calor controlado, guiado por imagen (ecografía, TAC o, en casos concretos, otras técnicas). Se utiliza en lesiones seleccionadas —como determinados tumores o nódulos— cuando se busca un tratamiento local preciso evitando, en algunos casos, una cirugía abierta. La indicación depende del tipo de lesión, su tamaño, su localización y el objetivo del tratamiento. 

¿Qué es la ablación por radiofrecuencia?

Es una técnica de ablación percutánea en la que se introduce una aguja/electrodo hasta la lesión y se aplica energía de radiofrecuencia para generar calor y destruir el tejido. Se realiza con control por imagen para asegurar precisión y seguridad.

¿Para qué sirve la ablación por radiofrecuencia?

Se utiliza para tratar lesiones localizadas en escenarios seleccionados, por ejemplo:

  • Tumores o metástasis pequeñas en órganos como hígado, pulmón, riñón u otros, según indicación.
  • Lesiones benignas sintomáticas en contextos concretos.
  • Control local cuando cirugía no es la primera opción o como complemento a otras terapias.

No es una técnica “universal”: se elige cuando el balance riesgo/beneficio es favorable y el objetivo es tratable con un abordaje local.

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¿Cómo funciona la ablación por radiofrecuencia?

Preparación previa

Suele incluir:

  • Revisión de informes, medicación y alergias.
  • Analítica (coagulación, función renal, hemograma).
  • Pruebas de imagen para planificar acceso y seguridad.
  • Instrucciones de ayuno y pautas de anestesia/sedación según caso.

Cómo se realiza el procedimiento

  1. Se localiza la lesión con ecografía o TAC.
  2. Se introduce el electrodo por la piel hasta el objetivo.
  3. Se aplica radiofrecuencia durante un tiempo pautado para crear una zona de ablación.
  4. Se retira el dispositivo y se controla el punto de punción.

Duración del procedimiento

Varía según el órgano, el tamaño de la lesión y si hay que tratar una o varias. Además, puede haber tiempo adicional de preparación y recuperación postanestesia.

Beneficios de la ablación por radiofrecuencia

  • Tratamiento local y dirigido, guiado por imagen.
  • Mínimamente invasivo (punción pequeña).
  • Recuperación a menudo más rápida que una cirugía abierta en casos seleccionados.
  • Puede repetirse o combinarse con otras terapias si el plan lo requiere.

Riesgos y posibles complicaciones

Dependen del órgano tratado y de la localización. Pueden incluir dolor, sangrado, infección o daño de estructuras cercanas. En pulmón, por ejemplo, puede aparecer neumotórax (según caso). Estos riesgos se explican antes de decidir y se minimizan con planificación y técnica adecuada. 

Recuperación después de la ablación por radiofrecuencia

Suele requerir observación unas horas o ingreso corto, dependiendo del órgano y de la anestesia. Se dan pautas de cuidados y signos de alarma.

Resultados y expectativas

La respuesta se evalúa con pruebas de imagen de control (TAC/RM) en un plazo definido. En muchos casos, el objetivo es control local de una lesión concreta; el resultado depende de tamaño, localización y biología tumoral si es oncológico.

Limitaciones de la ablación por radiofrecuencia

  • Lesiones muy grandes o mal localizadas pueden no ser candidatas.
  • La proximidad a estructuras sensibles puede limitar la ablación completa.
  • En ocasiones se requiere más de una sesión o combinar con otras técnicas.

¿Quién interpreta los resultados y cómo se entregan?

El equipo intervencionista interpreta las pruebas de control y coordina con el especialista correspondiente (oncología, cirugía, digestivo, etc.). Se entrega informe con resultados y plan de seguimiento.

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Preguntas frecuentes sobre ablación por radiofrecuencia

Consiste en introducir un electrodo por punción y aplicar calor para destruir una lesión localizada. Puede tratar tumores o nódulos seleccionados según tamaño y localización, y en contextos benignos específicos.

La ablación percutánea se realiza por punción y suele implicar menor agresión y recuperación más rápida. La cirugía permite resección directa y puede ser preferible en ciertos escenarios. La elección depende de la lesión, del paciente y del objetivo terapéutico.

Se guía con ecografía o TAC para colocar el electrodo en el punto exacto. La duración varía según lesión y órgano, y se estima de forma orientativa en consulta.

Puede haber dolor, hematoma, fiebre leve o fatiga. Riesgos específicos dependen del órgano (por ejemplo, neumotórax en pulmón). Se recomiendan reposo relativo, control del dolor y seguir instrucciones de seguimiento e imagen.