La hiperplasia benigna de próstata (HBP) es una causa muy frecuente de síntomas urinarios en hombres a partir de cierta edad: dificultad para iniciar la micción, chorro débil, levantarse varias veces por la noche o sensación de vaciado incompleto. Cuando estos síntomas afectan a la calidad de vida, existen distintas opciones terapéuticas. En Nodus IR, además del abordaje urológico habitual, se valora un tratamiento mínimamente invasivo guiado por imagen que puede ser una alternativa en casos seleccionados: la embolización prostática o embolización de las arterias prostáticas, siempre tras una valoración individualizada.
La hiperplasia benigna de próstata es el crecimiento no canceroso de la próstata, una glándula situada debajo de la vejiga que rodea la uretra (el conducto por el que sale la orina). Con el tiempo, ese aumento de tamaño puede comprimir la uretra y dificultar el paso de la orina.
Es importante aclararlo desde el principio: HBP no es cáncer. Aunque ambas condiciones pueden coexistir y comparten algunos síntomas, la hiperplasia benigna se refiere a un crecimiento benigno. Por eso, ante síntomas urinarios, el primer paso siempre es un estudio adecuado para confirmar la causa y descartar otras patologías.
Los síntomas más habituales están relacionados con el vaciado de la vejiga y pueden variar en intensidad:
Cuando la obstrucción progresa, pueden aparecer complicaciones como retención urinaria, infecciones repetidas o afectación de la vejiga. Por eso, si los síntomas empeoran o se vuelven limitantes, conviene consultarlo.
En la práctica clínica, la HBP se suele clasificar de forma útil según el impacto en los síntomas y el grado de obstrucción, más que por “tipos” cerrados. Por ejemplo:
También influye el tamaño de la próstata y la anatomía (cómo crece y qué parte comprime más la uretra). Estos factores son relevantes porque ayudan a decidir qué tratamiento tiene más sentido: medicación, procedimientos endoscópicos u opciones mínimamente invasivas.
La HBP se asocia principalmente al envejecimiento y a cambios hormonales propios de la edad. A medida que pasan los años, la próstata puede aumentar progresivamente de tamaño, aunque no todos los hombres desarrollan síntomas.
No suele haber una única causa concreta. En muchos casos intervienen:
Lo más importante es entender que la HBP es frecuente y tratable, y que existen distintas estrategias según el perfil y las preferencias del paciente.
Algunos factores se asocian con mayor probabilidad de desarrollar HBP o de presentar síntomas más intensos:
Estos factores no significan que la HBP sea inevitable, pero sí ayudan a contextualizar por qué aparece y a orientar medidas generales que pueden acompañar el tratamiento.
El diagnóstico combina la evaluación de síntomas con pruebas que permiten descartar otras causas y medir el impacto real en el flujo urinario. Habitualmente incluye:
Si se está valorando un procedimiento como la embolización, es especialmente importante analizar también la anatomía vascular y las imágenes necesarias para planificarlo con seguridad, ya que el tratamiento se realiza a través de las arterias que irrigan la próstata.
El tratamiento sin cirugía depende de la intensidad de los síntomas, el tamaño de la próstata, la respuesta a tratamientos previos y el impacto en la vida diaria. Suele contemplar varias opciones:
¿En qué consiste la embolización prostática?
La embolización prostática es un procedimiento endovascular guiado por imagen. A través de una punción (habitualmente en la ingle o la muñeca), se introduce un catéter fino que llega hasta las arterias que nutren la próstata. Allí se liberan partículas microscópicas para reducir selectivamente el flujo sanguíneo, con el objetivo de disminuir la congestión y el volumen prostático con el tiempo.
No todos los pacientes son candidatos. La indicación depende de factores como:
Por eso, la consulta sirve para confirmar si esta opción tiene sentido en tu caso y cómo se compara con otras alternativas.
Cuando un enfoque sin cirugía está bien indicado, puede aportar ventajas como:
Aun así, conviene mantener un enfoque prudente: la respuesta varía de un paciente a otro, y el objetivo es mejorar los síntomas y la calidad de vida dentro de un plan personalizado. La valoración médica es lo que permite decidir si el tratamiento mínimamente invasivo es apropiado y qué resultados son razonables esperar.