La embolización tumoral es un tratamiento locorregional realizado por radiología intervencionista para actuar sobre el riego sanguíneo de un tumor, reduciendo selectivamente el flujo que lo alimenta. Se utiliza en tumores seleccionados (benignos o malignos, según órgano y contexto) como tratamiento principal en escenarios concretos o como complemento a otras terapias. El objetivo suele ser control local, reducción de síntomas o reducción de carga tumoral.
Es una embolización dirigida a vasos que nutren un tumor. Se puede realizar con distintos materiales y, según el caso, combinarse con fármacos (quimioembolización) o con microesferas radiactivas (radioembolización).
Puede servir para:
Preparación previa
Cómo se realiza el procedimiento
Duración del procedimiento
Variable; depende de la vascularización tumoral y complejidad anatómica.
Dolor, fiebre baja, náuseas o malestar transitorio (síndrome postembolización) son relativamente frecuentes. Riesgos menos habituales dependen del órgano y del tipo de embolización (por ejemplo, afectación de tejido sano, infección, complicaciones vasculares o del contraste). Se explican antes de la intervención.
Puede requerir ingreso corto. Se pauta control del dolor, hidratación y seguimiento. La vuelta a la rutina depende del procedimiento y del estado general.
El objetivo puede ser reducción de vascularización, control local o reducción de síntomas. La respuesta se evalúa con imagen de control (TAC/RM) y criterios oncológicos, y puede requerir más de una sesión.
No todos los tumores son candidatos: influye el órgano, la extensión, el estado funcional del paciente y la anatomía vascular. Puede ser parte de un plan combinado.
Se interpretan por el equipo intervencionista junto a oncología y el especialista del órgano. Se entrega informe y plan de seguimiento con pruebas de imagen.
Es un tratamiento locorregional que reduce el riego del tumor para controlarlo localmente, disminuir síntomas o reducir carga tumoral, según el caso.
Puede ser principal en situaciones seleccionadas (según órgano/tipo tumoral) o complemento cuando se busca control local junto a tratamientos sistémicos, cirugía o radioterapia.
La embolización “simple” ocluye vasos. La quimioembolización combina embolización con quimioterapia local; la radioembolización usa microesferas con radiación (p. ej., Y-90) para tratar tumores, especialmente hepáticos, en casos seleccionados.
Es frecuente malestar transitorio (dolor, febrícula, cansancio). La recuperación depende del órgano y del procedimiento; muchas personas retoman rutina progresivamente en días, aunque a veces requiere más tiempo.