Tratamiento de los miomas uterinos

El tratamiento de los miomas uterinos busca aliviar síntomas como sangrado menstrual abundante, anemia, dolor pélvico o sensación de presión, y mejorar la calidad de vida. Los miomas son tumores benignos muy frecuentes y, aunque en muchos casos no requieren intervención, cuando causan síntomas existen distintas opciones. En Nodus IR se valoran alternativas mínimamente invasivas guiadas por imagen, como la embolización de arterias uterinas, que puede ser una opción sin cirugía abierta en pacientes seleccionadas, siempre tras una valoración individualizada.

¿Qué son los miomas uterinos?

Los miomas uterinos (también llamados fibromas) son tumores benignos formados por tejido muscular del útero. Pueden aparecer como un único nódulo o como varios miomas de distintos tamaños. Su presencia es muy común, especialmente en edad fértil, y muchas mujeres los tienen sin síntomas.

El problema aparece cuando su tamaño o localización provoca molestias: sangrado, dolor, presión sobre vejiga o intestino, o alteraciones reproductivas. Por eso, el tratamiento no depende solo de “tener miomas”, sino de cómo afectan a la salud y a la vida diaria.

¿Cuáles son los síntomas de los miomas uterinos?

Los síntomas varían según la localización, el tamaño y el número de miomas. Los más frecuentes incluyen:

  • Reglas muy abundantes o más largas de lo habitual.
  • Anemia por pérdidas menstruales (cansancio, palidez, falta de aire).
  • Dolor pélvico o cólicos intensos.
  • Sensación de presión o “peso” en la pelvis.
  • Aumento de la frecuencia urinaria o dificultad para vaciar la vejiga si el útero presiona.
  • Estreñimiento o molestias intestinales por compresión.
  • Dolor durante las relaciones sexuales en algunos casos.

Es importante consultar si el sangrado es muy intenso, si hay anemia o si el dolor empeora, porque existen alternativas terapéuticas y conviene descartar otras causas de sangrado uterino.

¿Tiene alguno de estos síntomas?

Tipos de miomas uterinos

La clasificación más útil se basa en dónde crecen dentro del útero, porque eso influye directamente en los síntomas y en el tratamiento:

  • Submucosos: crecen hacia el interior del útero (cavidad uterina). Suelen asociarse a sangrado abundante.
  • Intramurales: crecen en la pared muscular del útero. Pueden aumentar el tamaño uterino y causar dolor o sangrado.
  • Subserosos: crecen hacia el exterior del útero. A menudo dan más síntomas de presión (vejiga, intestino) que de sangrado.

Una misma paciente puede tener varios tipos a la vez. Por eso, además del número, importa la localización exacta, especialmente si se está valorando un tratamiento mínimamente invasivo.

Causas de los miomas uterinos

No existe una causa única. Los miomas se relacionan con una combinación de factores hormonales y predisposición individual. Suelen crecer durante los años reproductivos y, a menudo, disminuyen tras la menopausia.

En general, se considera que influyen:

  • La actividad hormonal (especialmente estrógenos y progesterona).
  • La respuesta del tejido uterino a esas hormonas.
  • Factores genéticos y familiares.

La evolución también es variable: algunos miomas apenas cambian, otros crecen de forma progresiva. Lo importante es evaluar síntomas y controlar su evolución con seguimiento cuando procede.

Factores de riesgo de los miomas uterinos

Algunos factores se asocian con mayor probabilidad de desarrollar miomas o de que sean más numerosos:

  • Edad (más frecuentes en edad fértil).
  • Antecedentes familiares.
  • Ciertos factores hormonales y reproductivos.
  • Sobrepeso u otros factores metabólicos (en algunas mujeres).

Tener factores de riesgo no significa que vayan a aparecer síntomas, pero ayuda a contextualizar por qué los miomas son tan frecuentes.

¿Cómo se diagnostican los miomas uterinos?

El diagnóstico suele iniciarse por los síntomas (sangrado, dolor, presión) y se confirma con pruebas de imagen. Las más habituales son:

  • Ecografía ginecológica (abdominal y/o transvaginal): es la prueba de primera línea para identificar miomas, tamaño y localización.
  • Resonancia magnética (RM): se utiliza cuando se necesita una valoración más detallada (miomas múltiples, planificación de tratamiento, dudas diagnósticas). Es especialmente útil para caracterizar miomas y decidir el mejor abordaje.
  • Analítica si hay sospecha de anemia por sangrado abundante.

Si se está valorando un tratamiento como la embolización, la imagen también sirve para planificarlo con precisión, ya que el procedimiento actúa sobre el riego sanguíneo del útero y de los miomas.

Tratamiento de los miomas uterinos sin cirugía

El tratamiento se adapta a cada paciente y depende de los síntomas, el tipo de mioma, el tamaño, la edad y los objetivos (por ejemplo, control del sangrado, alivio del dolor o preservación del útero). Entre las opciones sin cirugía abierta pueden considerarse:

  • Seguimiento si no hay síntomas relevantes.
  • Tratamiento médico para controlar síntomas (especialmente sangrado), indicado por ginecología.
  • Procedimientos mínimamente invasivos, cuando están indicados.

En radiología intervencionista, una de las alternativas más conocidas es la embolización de arterias uterinas, un procedimiento endovascular guiado por imagen. A través de una punción (normalmente en la ingle o la muñeca), se introduce un catéter que llega hasta las arterias uterinas. Allí se liberan partículas para reducir selectivamente el flujo sanguíneo que alimenta los miomas, con el objetivo de que disminuyan de tamaño y mejoren los síntomas con el tiempo.

No todas las mujeres son candidatas. La decisión depende de factores como:

  • Tipo y localización de los miomas.
  • Intensidad del sangrado y presencia de anemia.
  • Tamaño uterino y número de miomas.
  • Deseo reproductivo y planificación familiar.
  • Valoración conjunta con ginecología y revisión de imágenes.

La consulta sirve para explicar con claridad qué se puede esperar, qué alternativas existen y qué opción encaja mejor con la situación de cada paciente.

Beneficios de tratar el cáncer sin cirugía

Cuando un enfoque mínimamente invasivo está bien indicado, puede aportar ventajas como:

  • Evitar cirugía abierta en casos seleccionados.
  • Menor agresión: punción en lugar de incisión amplia.
  • Recuperación más rápida en muchas pacientes, según el procedimiento y la evolución individual.
  • Posibilidad de estancia hospitalaria corta o manejo con ingreso breve.
  • Mejora de síntomas como sangrado abundante y presión pélvica con el tiempo, si la respuesta es adecuada.

Aun así, es importante mantener expectativas realistas: la evolución depende del tipo de mioma, del tamaño, del cuerpo de cada mujer y de la técnica indicada. Por eso, la valoración individualizada y la explicación de riesgos/beneficios es una parte esencial del proceso.

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