El tratamiento de los miomas uterinos busca aliviar síntomas como sangrado menstrual abundante, anemia, dolor pélvico o sensación de presión, y mejorar la calidad de vida. Los miomas son tumores benignos muy frecuentes y, aunque en muchos casos no requieren intervención, cuando causan síntomas existen distintas opciones. En Nodus IR se valoran alternativas mínimamente invasivas guiadas por imagen, como la embolización de arterias uterinas, que puede ser una opción sin cirugía abierta en pacientes seleccionadas, siempre tras una valoración individualizada.
Los miomas uterinos (también llamados fibromas) son tumores benignos formados por tejido muscular del útero. Pueden aparecer como un único nódulo o como varios miomas de distintos tamaños. Su presencia es muy común, especialmente en edad fértil, y muchas mujeres los tienen sin síntomas.
El problema aparece cuando su tamaño o localización provoca molestias: sangrado, dolor, presión sobre vejiga o intestino, o alteraciones reproductivas. Por eso, el tratamiento no depende solo de “tener miomas”, sino de cómo afectan a la salud y a la vida diaria.
Los síntomas varían según la localización, el tamaño y el número de miomas. Los más frecuentes incluyen:
Es importante consultar si el sangrado es muy intenso, si hay anemia o si el dolor empeora, porque existen alternativas terapéuticas y conviene descartar otras causas de sangrado uterino.
La clasificación más útil se basa en dónde crecen dentro del útero, porque eso influye directamente en los síntomas y en el tratamiento:
Una misma paciente puede tener varios tipos a la vez. Por eso, además del número, importa la localización exacta, especialmente si se está valorando un tratamiento mínimamente invasivo.
No existe una causa única. Los miomas se relacionan con una combinación de factores hormonales y predisposición individual. Suelen crecer durante los años reproductivos y, a menudo, disminuyen tras la menopausia.
En general, se considera que influyen:
La evolución también es variable: algunos miomas apenas cambian, otros crecen de forma progresiva. Lo importante es evaluar síntomas y controlar su evolución con seguimiento cuando procede.
Algunos factores se asocian con mayor probabilidad de desarrollar miomas o de que sean más numerosos:
Tener factores de riesgo no significa que vayan a aparecer síntomas, pero ayuda a contextualizar por qué los miomas son tan frecuentes.
El diagnóstico suele iniciarse por los síntomas (sangrado, dolor, presión) y se confirma con pruebas de imagen. Las más habituales son:
Si se está valorando un tratamiento como la embolización, la imagen también sirve para planificarlo con precisión, ya que el procedimiento actúa sobre el riego sanguíneo del útero y de los miomas.
El tratamiento se adapta a cada paciente y depende de los síntomas, el tipo de mioma, el tamaño, la edad y los objetivos (por ejemplo, control del sangrado, alivio del dolor o preservación del útero). Entre las opciones sin cirugía abierta pueden considerarse:
En radiología intervencionista, una de las alternativas más conocidas es la embolización de arterias uterinas, un procedimiento endovascular guiado por imagen. A través de una punción (normalmente en la ingle o la muñeca), se introduce un catéter que llega hasta las arterias uterinas. Allí se liberan partículas para reducir selectivamente el flujo sanguíneo que alimenta los miomas, con el objetivo de que disminuyan de tamaño y mejoren los síntomas con el tiempo.
No todas las mujeres son candidatas. La decisión depende de factores como:
La consulta sirve para explicar con claridad qué se puede esperar, qué alternativas existen y qué opción encaja mejor con la situación de cada paciente.
Cuando un enfoque mínimamente invasivo está bien indicado, puede aportar ventajas como:
Aun así, es importante mantener expectativas realistas: la evolución depende del tipo de mioma, del tamaño, del cuerpo de cada mujer y de la técnica indicada. Por eso, la valoración individualizada y la explicación de riesgos/beneficios es una parte esencial del proceso.