El bloqueo de articulaciones es un procedimiento mínimamente invasivo en el que se administra anestésico local (y a veces otro fármaco) en una articulación o estructura concreta para aliviar dolor y, en muchos casos, para confirmar el origen del dolor (bloqueo diagnóstico). Realizarlo con guía por imagen aumenta precisión, especialmente en articulaciones profundas o de anatomía compleja.
Es una inyección dirigida a una articulación o estructura (facetaria lumbar, sacroilíaca, cadera, etc.) con objetivo diagnóstico y/o terapéutico.
Preparación previa
Cómo se realiza el procedimiento
Duración del procedimiento
Generalmente breve.
Dolor transitorio, hematoma, infección (rara), sangrado, reacción vasovagal. Riesgos específicos dependen de la articulación y de la técnica.
Suele ser rápida. Se recomienda:
El alivio puede ser inmediato por el anestésico y durar horas. Si se asocia medicación antiinflamatoria, puede durar más. En bloqueos diagnósticos, la respuesta orienta el siguiente paso.
El equipo que realiza el bloqueo interpreta la respuesta junto con el especialista responsable. Se entrega informe y se pauta el siguiente paso (rehabilitación, infiltración terapéutica, radiofrecuencia, etc.).
Es una inyección dirigida para aliviar dolor y/o confirmar su origen. Se usa en dolor facetario, sacroilíaco, cadera y otras articulaciones según el caso.
Se indica cuando se sospecha que el dolor se origina en esa articulación/segmento (por clínica e imagen) y se quiere confirmar o aliviar para avanzar con tratamiento. La indicación exacta depende del diagnóstico.
Suele ser ambulatorio. Conviene reposo relativo el día del procedimiento y evitar esfuerzos 24–48 h, según pauta médica y tipo de trabajo/deporte.
Riesgos: hematoma, dolor transitorio, infección rara. Consultar si hay fiebre alta, dolor creciente, debilidad neurológica nueva o sangrado importante en la punción.