Embolización prostática

La embolización prostática es un procedimiento mínimamente invasivo para tratar síntomas de hiperplasia benigna de próstata (HBP) en pacientes seleccionados. Se realiza por vía endovascular, reduciendo el flujo en las arterias que nutren la próstata, con el objetivo de disminuir su congestión y volumen con el tiempo y mejorar síntomas urinarios. No es una opción para todos los casos y requiere valoración individual y coordinación con urología. 

¿Qué es la embolización prostática?

Es una técnica en la que se ocluyen de forma selectiva las arterias prostáticas mediante partículas, para reducir el riego y favorecer la reducción progresiva del tamaño prostático.

¿Para qué sirve la embolización prostática?

Se utiliza para mejorar síntomas urinarios por HBP, como:

  • Chorro débil, dificultad para iniciar.
  • Nocturia, urgencia, frecuencia.
  • Sensación de vaciado incompleto.

Se considera especialmente cuando la medicación no es suficiente, no se tolera o se busca una alternativa mínimamente invasiva a técnicas quirúrgicas, siempre según criterios clínicos y anatómicos.

¿Necesita valoración para un tratamiento por embolización prostática?

¿Cómo funciona la embolización prostática?

Preparación previa

  • Valoración urológica (síntomas, PSA según criterio, descartar otras causas).
  • Ecografía y pruebas de flujo/residuo según caso.
  • Estudio de anatomía vascular si se planifica la embolización.
  • Analítica y revisión de anticoagulantes/antiagregantes.

Cómo se realiza el procedimiento

  1. Punción arterial (ingle o muñeca).
  2. Cateterización selectiva de arterias prostáticas bajo angiografía.
  3. Embolización con partículas de forma controlada (habitualmente bilateral si es posible).
  4. Control final y cierre del acceso.

Duración del procedimiento

Variable; depende de la anatomía y de la complejidad para acceder selectivamente a las arterias.

Beneficios de la embolización prostática

  • Alternativa sin cirugía abierta y sin resección de tejido.
  • Punción pequeña, con recuperación a menudo rápida.
  • Puede ser útil en pacientes con riesgo quirúrgico elevado (si el caso lo permite).
  • Mejoría progresiva de síntomas en semanas/meses en muchos casos.

Riesgos y posibles complicaciones

Molestias pélvicas, escozor al orinar, fiebre baja o cansancio transitorio pueden aparecer. Menos frecuente: infección, complicaciones del acceso, embolización no deseada, retención urinaria temporal u otros eventos, según el caso. Se explican y se minimizan con planificación y técnica selectiva.

Recuperación después de la embolización prostática

Suele requerir observación y, a veces, ingreso corto. Después:

  • Hidratación y analgesia pautada.
  • Reposo relativo 24–48 h.
  • Seguimiento con urología y control de síntomas.

Resultados y expectativas

La mejoría suele ser progresiva. El grado de respuesta varía según tamaño prostático, síntomas y anatomía vascular.

Limitaciones de la embolización prostática

No todos son candidatos: anatomía vascular compleja, otras patologías urológicas (estenosis, cáncer, vejiga) o expectativas no realistas pueden limitar indicación.

¿Quién interpreta los resultados y cómo se entregan?

El equipo intervencionista y urología interpretan la evolución. Se entrega informe y se define seguimiento clínico y, cuando procede, pruebas de control.

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Preguntas frecuentes sobre embolización prostática

Es un procedimiento endovascular que reduce el riego de la próstata. Puede mejorar síntomas urinarios como chorro débil, nocturia, urgencia y sensación de vaciado incompleto, en pacientes seleccionados.

Se valora cuando la medicación no es suficiente o no se tolera, o cuando se busca una alternativa mínimamente invasiva. La comparación con RTU/láser depende del caso, del tamaño prostático, de comorbilidades y de objetivos del paciente.

Se realiza por punción con catéteres guiados por angiografía. La recuperación suele ser rápida, con molestias transitorias en algunos pacientes y reincorporación progresiva según pauta médica.

Los más habituales son molestias urinarias transitorias. Se minimizan con selección adecuada, técnica superselectiva, control del dolor, antibióticos si se indican y seguimiento estrecho.