La hernia discal es una causa frecuente de dolor de espalda y, en algunos casos, de dolor irradiado hacia una pierna o un brazo. La buena noticia es que muchas hernias discales mejoran con medidas conservadoras (reposo relativo, medicación pautada, fisioterapia y ejercicio terapéutico). Cuando el dolor persiste, limita la vida diaria o existe afectación neurológica, se pueden valorar tratamientos de hernia discal sin cirugía, incluidos procedimientos guiados por imagen (ecografía o TAC) que buscan controlar la inflamación y el dolor de forma precisa. La indicación siempre debe ser individualizada.
Entre las vértebras de la columna hay discos intervertebrales que actúan como “amortiguadores”. Una hernia discal ocurre cuando parte del material del disco se desplaza y puede irritar o comprimir una raíz nerviosa cercana. Esto puede provocar dolor local (cervical, dorsal o lumbar) y, si afecta al nervio, dolor irradiado, hormigueo o debilidad.
No todas las hernias causan síntomas. A veces se detectan en una resonancia hecha por otro motivo. Por eso, el tratamiento se basa en síntomas y exploración, no solo en lo que “se ve” en una imagen.
Los síntomas dependen del nivel afectado y de si hay irritación nerviosa:
Señales de alarma
Si aparece pérdida de fuerza progresiva, alteraciones de control de esfínteres (orina/heces), adormecimiento en “silla de montar” o dolor insoportable con fiebre o pérdida de peso no explicada, conviene consulta urgente.
Las causas suelen ser multifactoriales. Entre las más habituales:
A menudo, no hay un único desencadenante claro: el disco puede debilitarse con el tiempo y “fallar” ante un esfuerzo concreto.
El diagnóstico se basa en:
La clave es correlacionar imagen y síntomas: una hernia en la RM solo es relevante si encaja con lo que siente el paciente y con los hallazgos clínicos.
El tratamiento se plantea de forma escalonada:
Dentro de los tratamientos sin cirugía, pueden valorarse procedimientos mínimamente invasivos guiados por imagen, como:
Estos procedimientos no “eliminan” la hernia, pero pueden ayudar a controlar el dolor, reducir la inflamación y facilitar la rehabilitación. La elección depende del tipo de dolor (radicular vs mecánico), el nivel afectado y la duración de los síntomas.
Cuando está indicado, un enfoque sin cirugía puede aportar:
Aun así, hay situaciones en las que la cirugía es necesaria (por ejemplo, déficits neurológicos progresivos). La valoración médica es lo que permite elegir el camino adecuado.
Es el desplazamiento de parte del disco intervertebral que puede irritar o comprimir un nervio. Suele producirse por degeneración del disco con el tiempo, sumada a sobrecargas, posturas mantenidas o esfuerzos puntuales.
Dolor de espalda, dolor irradiado (ciática o hacia el brazo), hormigueo o debilidad. Es urgente si hay pérdida de fuerza progresiva, alteración de esfínteres o adormecimiento en la zona perineal.
Con técnicas como infiltraciones epidurales/foraminales o bloqueos selectivos, guiados por TAC o ecografía según el caso, para reducir inflamación y dolor con precisión y facilitar la rehabilitación.
La evolución varía, pero muchas hernias mejoran en semanas a pocos meses con tratamiento conservador. Ayuda mantener actividad física adaptada, fortalecer core, cuidar ergonomía, evitar sedentarismo y aprender a levantar peso con buena técnica.